
Aún sin ser uno de los «Días Mundiales» de la ONU ni ser una celebración pedagógica, el 28 de junio, Día del Orgullo, adquiere cada año más trascendencia. Ya se habla del Mes del Orgullo, y en las redes se extiende el hashtag #PrideMonth.
En el actual currículo de la ESPA, según el Decreto 27/2019, la diversidad afectivo sexual corresponde al bloque 3 del módulo I del nivel II de ACT (para que nos entendamos: tercero de ESPA): La materia y la información se organizan: de las células a las redes de información.
En realidad ese título solo tenía sentido en anteriores versiones, en las que este bloque terminaba hablando de informática y redes de información. La versión actual termina con contenidos de sexo e identidad sexualidad (supongo que el redactor quería decir sexo e identidad sexual), como criterios de evaluación figura valorar su propia sexualidad y la de las personas que le rodean, transmitiendo la necesidad de reflexionar, debatir, considerar y compartir. Como estándar de aprendizaje solo figura lo siguiente: actúa, decide y defiende su sexualidad y respeta la de las demás personas, valorando los necesarios avances sociales en Extremadura.
No recuerdo ningún antecedente de estos contenidos en la programación de ESPA, y en el citado decreto no se aportan más detalles, así que enfoqué el tratamiento de este tema de acuerdo con la Ley de Igualdad LGBTI de 2015, inspirada a su vez en los Principios de Yogyakarta.
El caso es que en lugar de terminar el tema hablando de redes de información he terminado hablando del cyborg de Haraway: de ahí que, finalmente, opté por el título La materia y la información se organizan: de las células al cyborg.

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