
Yo empecé la Educación General Básica durante el franquismo y la terminé durante el régimen del 78. Mi colegio comenzó llamándose «San Eugenio» y terminó llamándose «Germán Cid» y, en algún momento de esa historia, su nombre venía precedido, en los documentos oficiales, por las siglas C.N.M.C.: Colegio Nacional Mixto Comarcal. Quiero llamar la atención sobre lo de «Mixto».
El colegio donde estudié tenía un diseño que lo dividía en dos alas simétricas: una para los niños y otra para las niñas. Sí: durante algún tiempo niños y niñas asistíamos a la escuela en clases separadas ¿La razón? Bueno, nos consta que Christine de Pizan, a principios del siglo XV, ya tuvo que alzar su voz para defender la idea de que las mujeres eran tan válidas como los hombres: fueron los inicios de la querelle des femmes. A finales del siglo XVIII la cosa no había mejorado mucho y Rousseau, en su Emilio, consagra la idea de que la mujer debe ser educada en la sumisión y servicio al hombre. Mary Wollstonecraft hizo lo posible por denunciar las ideas de Rousseau, pero sin éxito. En España no fue hasta 1910 (el 8 de marzo, concretamente), cuando Emilia Pardo Bazán consiguió que las mujeres pudiesen ir a la universidad. Quizá la II República, de haber durado más, podría haber hecho mucho al respecto, pero la Sección Femenina, durante el franquismo, hizo lo posible por educar a la mujer española según los principios de Rousseau.
Así que a mediados de los setenta mi escuela mantenía separados a los niños por un lado y a las niñas por otro. En algún momento, tras la muerte de Franco (no recuerdo el momento exacto) se acabó con esa división y se permitió que nos mezclásemos en el aula. No recuerdo si las siglas C.N.M.C. fueron anteriores o posteriores a ese momento. Aún así la inercia pesaba mucho, y durante años fue habitual encontrar libros de texto en los que se promovía una familia tradicional, en la que el marido proveía de dinero a la familia y conducía el coche, y la mujer se encargaba de la limpieza, el cuidado de los niños y demás labores domésticas. Cuando rellenaba las fichas para mis maestros en la profesión de mi padre escribía «obrero metalúrgico», y en la de mi madre «S.L.» (sus labores). Terminé la E.G.B. en 1982, más o menos cuando estalló la crisis del SIDA, con la estigmatización que trajo para homosexuales y prostitutas que, a la larga, daría lugar a la cultura queer.
Cuando comencé a trabajar como profesor, en 1996, «la lucha por los derechos de la mujer» ya era un concepto que, al menos, se trataba en las sesiones de tutoría aunque solo fuese de forma puntual. Pocos años antes, en 1993, se habían aprobado los temarios de las oposiciones para Maestros, Profesores de Enseñanza Secundaria y Profesores de Escuelas Oficiales de Idiomas, así que todo el profesorado que se ha incorporado a la enseñanza pública desde 1993, en algún momento, ha tenido que trabajar con ese temario.
Digo todo el profesorado porque dicho temario no se ha actualizado desde entonces. En aquella época estaban vigentes el DSM-IV (de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría) y el CIE-10 (de la Organización Mundial de la Salud), catálogos de enfermedades que, entre otras cosas, todavía consideraban la transexualidad como una enfermedad mental (la homosexualidad había salido del catálogo de la OMS solo tres años antes, en 1990). Esta circunstancia no es importante en temarios como los de física y química, por ejemplo, pero el temario del profesorado de orientación incluye referencias extraídas del DSM-IV y el CIE-10, como por ejemplo el epígrafe del tema 51 de la especialidad de Psicología y Pedagogía:
51. Las personas con retraso mental: características de su desarrollo. Principios generales de intervención educativa y criterios para adaptar el currículo a estos alumnos.
Actualmente están vigentes el DSM-V y el CIE-11, que ya no consideran la transexualidad como una enfermedad (ni utilizan términos obsoletos como «retraso mental»), pero yo he llegado a encontrar en algún departamento de orientación a alguna persona que creía que el DSM-IV y el CIE-10 seguían vigentes, y que afirmaba que la existencia de personas transexuales «no estaba demostrada científicamente». Y estamos hablando del departamento de orientación: en otros departamentos el tema ni se ha planteado.
Resulta evidente una falta de formación del profesorado en la diversidad LGTBIQ+ ¿Está previsto, por parte de las administraciones públicas, hacer algo al respecto?
A nivel autonómico, en Extremadura, la ley LGTBIQ+ de 2015 incluye toda una serie de medidas a tomar en el sistema educativo, pero apenas se han puesto en marcha. De hecho ni siquiera se menciona dicha ley en la legislación educativa posterior a 2015.
A nivel nacional se aprobó, en 2023 y tras un accidentado recorrido, la llamada ley trans, que entre otras cosas insiste en el objetivo de dar formación LGTBIQ+ al profesorado y, lo que es más importante:
2. Las Administraciones públicas, en el ámbito de sus competencias, incluirán en los programas de las pruebas selectivas de acceso al empleo público formación y conocimientos sobre igualdad de trato y no discriminación de las personas LGTBI.
Esto último, de momento, no ha ocurrido.
Así que, aunque ya haya algunas leyes LGTBIQ+ su cumplimiento es más que dudoso mientras el profesorado no reciba la formación adecuada, y no parece que las administraciones públicas se lo estén tomando en serio.
Pero es que hay todo un sector que ha quedado desprotegido: a pesar de que se avisó y se pidió a voz en grito durante la tramitación de la llamada ley trans el hecho es que dicha ley ha dejado fuera al colectivo de personas no binarias. Ignoro la situación en otras comunidades autónomas pero aquí, en Extremadura, no se dispone de legislación que reconozca la existencia de personas no binarias: están en un limbo.
¿Significa esto que las personas no binarias carecen de todo reconocimiento legal posible? Bueno, no es del todo así. De hecho el Defensor del Pueblo ha recomendado en alguna ocasión que se tomasen las medidas necesarias en un centro educativo para reconocer la identidad de género de una persona no binaria, y Andrea Speck, persona no binaria extranjera, ha conseguido que las administraciones españolas admitan su identidad de género.
Es cuestión de tiempo (quizá no mucho) que las personas no binarias consigan, a través de los tribunales, el reconocimiento de su identidad de género. Cuando eso ocurra las administraciones educativas se encontrarán con un problema porque sus sistemas informáticos no estarán preparados para esa realidad, ni los trámites administrativos, ni el profesorado estará formado, ni habrá unos protocolos claros… ni siquiera unas normas básicas sobre el uso de lenguaje no binario o de género neutro.
Por cierto: hoy es el Día Internacional de las Personas No Binarias ¿Lo sabían? Pues ahora ya sí.

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