
Me levanto esta mañana con la noticia de un ataque, en la ciudad de Örebro (Suecia) contra una escuela de personas adultas.
Las escuelas de personas adultas son centros que, al menos en España, suelen pasar desapercibidos para la mayor parte de la población (y también, en consecuencia, para las administraciones públicas). Suelen ser centros pequeños, a menudo invisibles, a los que poca gente presta atención. No es nada extraño porque tendemos a pensar que en un país como el nuestro, con una presunta escolarización universal, una red de escuelas de personas adultas es algo prescindible.
Y, sin embargo, sigue habiendo personas que necesitan las escuelas de personas adultas:
- Personas adultas con la EGB (antigua escolaridad obligatoria) que descubren, en su madurez, que ese título ya no es equivalente a la ESO. Hasta hace algunos años eran un grupo importante, formado especialmente por mujeres, aunque con el tiempo disminuye cada vez más.
- Personas de las minorías gitana o merchera que no fueron escolarizadas en su momento. En este grupo también destacan las mujeres.
- Otras personas nacidas en España que, por la razón que sea (fracaso escolar, exclusión social, dificultades de aprendizaje, problemas personales, etc) no han terminado su escolarización en centros de primaria y secundaria.
- Inmigrantes procedentes de América Latina a quienes no se les homologan los títulos académicos obtenidos en sus países de origen (en teoría sí se les reconoce, pero las trabas burocráticas son tan grandes que les resulta más sencillo y rápido acudir a las escuelas de personas adultas para obtener algún título reconocido aquí, aunque sea de menor nivel que el que ya tienen).
- Inmigrantes no hispanohablantes: amazighs, centroafricanos, refugiados de Oriente Medio o de Ucrania, etc. A menudo dependen de las escuelas de personas adultas para iniciarse en la lengua y cultura locales.
Las escuelas de personas adultas son escuelas en los márgenes. Atienden a colectivos especialmente vulnerables, y por eso ataques como el sufrido por la escuela de adultos de Örebro resultan tan preocupantes. Esperemos que se trate solo de un caso puntual, y no del comienzo de una tendencia.

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