¿Por qué hace falta un 8 M?

Pegatina del 8 M
¿Una huelga el 8 de marzo? ¿Una huelga feminista? ¿Y por qué?

Quien quiera una respuesta oficial a esas preguntas puede leer el Manifiesto 8M 2018 (no importa en que año leas esto). Supongo que podría ir repasando cada uno de los puntos del manifiesto pero, siguiendo el consejo de Kelley Temple, voy a hablar del espacio que tengo en la sociedad: el aula. En el manifiesto arriba mencionado, entre otras cosas, se dice lo siguiente:

La educación es la etapa principal en la que construimos nuestras identidades sexuales y de género y por ello las estudiantes, las maestras, la comunidad educativa y todo el movimiento feminista exigimos nuestro derecho a una educación pública, laica y feminista. Libre de valores heteropatriarcales desde los primeros tramos educativos, en los que las profesoras somos mayoría, hasta la universidad. Reivindicamos también nuestro derecho a una formación afectivo-sexual que nos enseñe en la diversidad, sin miedos, sin complejos, sin reducirnos a meros objetos y que no permita una sola agresión machista ni LGTBIfóbica en las aulas.
Exigimos un avance en la coeducación en todos los ámbitos y espacios de formación y una educación que no relegue nuestra historia a los márgenes de los libros de texto; y en la que  la perspectiva de género sea transversal a todas las disciplinas. ¡No somos una excepción, somos una constante que ha sido callada!

Empecemos por una educación que no relegue nuestra historia a los márgenes de los libros de texto. No es una exageración afirmar ¡No somos una excepción, somos una constante que ha sido callada! Seguramente ya he hablado antes de todo esto pero creo que voy a tener que repetirme. En mi opinión las razones por las que apenas aparecen mujeres en los libros de texto, al menos en los de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, son las siguientes:
  1. La querelle des femmes, la discusión no acabada a propósito de si las mujeres están o no dotadas de un intelecto suficiente para la ciencia y la tecnología. En el siglo XV la discusión estaba liderada por Christine de Pizan frente a Jean de Meung y hoy, seis siglos más tarde, por escritoras como Angela Saini frente a polemistas como Jordan B. Peterson.
  2. La exclusión, durante siglos, de las mujeres a la educación que recibían los hombres. En 1790 Mary Wollstonecraft reclamaba que niños y niñas fuesen educados de igual manera para acabar con la dependencia de las mujeres respecto a los hombres. Un siglo más tarde sus sucesoras reclamaban el acceso de las mujeres a la universidad, objetivo que en España no se lograría hasta el 8 de marzo de 1910 gracias a Emilia Pardo Bazán.
  3. El acoso y menosprecio a las mujeres en el mundo científico, que continúa actualmente y que está siendo denunciado por el movimiento #MeToo.
  4. La ocultación de los logros de las científicas bajo sus compañeros varones: el llamado efecto Matilda.
  5. El efecto Mateo, que justifica la poca presencia de las mujeres en los libros de texto (y en la cultura científica en general) en el hecho de que "apenas se han dado casos de mujeres notables en la historia de la ciencia", sin tener en cuenta los factores antes mencionados en esta relación.
  6. El efecto Golem, que convence a no pocas mujeres de que algunos estudios de ciencia y tecnología son "cosa de hombres", creencia basada en la escasez de mujeres en la historia de la ciencia y la tecnología.
Así que teniendo en cuenta todo esto, exigir un avance en la coeducación en todos los ámbitos y espacios de formación y que  la perspectiva de género sea transversal a todas las disciplinas me parece lo mínimo. Y si, para esto, hay que hacer una huelga feminista pues mire: se hace. El mero hecho de que alguien se pregunte ¿y por qué se hace? ya es un primer paso para remover conciencias.

Last modified: Tuesday, 18 April 2023, 7:20 PM